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Archivo de la etiqueta: Wang Bing

La carta blanca que la Cinémathèque française dio a René Viénet el mes pasado me permitió descubrir a Hu Jie (胡杰), un cineasta chino cuyo trabajo intenta recuperar la memoria de los años del maoísmo, período cuya influencia en la China contemporánea dista de ser pequeña. La primera película que pude ver fue In search of Lin Zhao’s soul / Écrits avec le sang, prisons et exécution de Lin Zhao (寻找林昭的灵魂, 2005, literalmente “en busca del alma de Lin Zhao” [la película está colgada en Youtube sin subtítulos]), que sigue la pista de Lin Zhao, una joven poetisa que había militado activamente en el PCCh ya en los tiempos de la clandestinidad, en su ciudad natal de Suzhou. Durante el Movimiento antiderechista de finales de los años 50, Lin Zhao fue detenida y pasó varios años en prisión antes de ser ejecutada durante la llamada “Revolución cultural”, el 29 de abril de 1968. La película comienza con la imagen del director, Hu Jie, que nos explica cómo descubrió la historia de Lin Zhao. El resto del metraje nos ofrece testimonios y documentos (los poemas que Lin Zhao escribía con su propia sangre o sus cenizas, descubiertas por el cineasta en un cementerio de urnas de Shanghai) de la vida y muerte de la joven. Lin Zhao se convirtió en todo un símbolo para el mismo sistema carcelario que, en un primer momento, sólo le exigía que asumiese su condición de “derechista” y que no resistiera a participar en el escarnio al que le debían someter sus colegas de la universidad (las llamadas sesiones de “autocrítica”). Para reducir su influencia fue trasladada de una prisión de mujeres a otra de hombres, en la que se le reservó toda una planta. Aún así, los otros reclusos podían oír sus gritos, por lo que los carceleros crearon una máscara que le cubría todo menos la vista y le impedía hablar.

Al final de la película, tras recordar que muchos familiares de Lin Zhao, más de 30 años después de su muerte, no quisieron participar en el documental, Hu Jie plantea por escrito la siguiente pregunta: “¿Entrará nuestra historia en nuestra memoria? ¿Y de qué manera entrará?”. La misma pregunta parece proponer Though I Am Gone / Ne pleurez pas sur mon cadavre… (我虽死去, 2006, “aunque esté muerta”), película que Rue89 ha colgado en línea en francés con ocasión de una visita de Hu Jie a París y de una breve entrevista con Pierre Haski:

Como ocurría con Lin Zhao, la víctima es también una mujer: Bian Zhongyun, directora de un instituto femenino de Beijing en el que estudiaban hijas y familiares de altos cargos del PCCh. Bian Zhongyun fue linchada y asesinada por sus propias alumnas, al comienzo de la Revolución cultural (en agosto de 1966). Si Lin Zhao había dejado sus poemas como testimonio, el caso de Bian Zhongyun es un poco diferente: su marido supo desde un primer momento que debía documentar todo lo acontecido para poder exigir justicia. No sólo fotografió todos los dazibaos con los que los guardias rojos habían empapelado los muros de su vivienda, sino que cuando se enteró de la muerte de su mujer, llevó al hospital su cámara y fotografió el cadáver desnudo y los signos manifiestos de la tortura. También registró la manera en que sus hijas limpiaron y amortajaron el cuerpo de Bian Zhongyun y el velatorio improvisado. Con la idea de poder contribuir un día a un museo de la Revolución cultural, el marido conserva aún los objetos personales de su mujer y, ante la cámara de Hu Jie, desenvuelve por primera vez las bolsas que contienen la ropa ensangrentada y manchada de excrementos que Bian Zhongyun llevaba el día de su muerte. Es un detalle que no carece de importancia, sobre todo si tenemos en cuenta que Hu Jie se describe a sí mismo como un “arqueólogo” del maoísmo.

Lo más estremecedor no es que en la China contemporánea, que ha rehabilitado oficialmente a las víctimas tanto del Movimiento antiderechista como de la Revolución cultural, la película fuese inmediatamente prohibida. Lo verdaderamente grave es la dificultad a la que se enfrenta Hu Jie para encontrar testigos que acepten hablar y ser grabados, a pesar de que un busto de Bian Zhongyun se erige en el instituto que la vio morir. Cuando el marido cuenta que, al terminar la Revolución cultural, la denuncia que presentó fue rechazada por la prescripción del delito, concluye que en el país todavía “se cubren las espaldas unos a otros”. Bian Zhongyun fue asesinada por sus alumnas, y los jóvenes de esa generación gobiernan hoy el país (y algunos, de hecho, fueron también víctimas o hijos de víctimas).

Ante tal situación de bloqueo, la elección de la estrategia que permita despertar la memoria no es un asunto fácil. La más radical es, si cabe, la de Wang Bing. Su proyecto de memoria y testimonio, centrado en el destierro en campos de trabajo de las víctimas del Movimiento antiderechista, se ha concretado por el momento en su única película de ficción, The Ditch / La fossé (夹边沟, 2010, el título es el nombre del campo de trabajo “Jiabiangou”, situado en el noroeste desértico de Gansu) y en uno de sus documentales más importantes, Fengming, a Chinese Memoir  / Chronique d’une femme chinoise (和凤鸣, 2007). Según parece, el cineasta planea crear un archivo de entrevistas a supervivientes de los campos de trabajo, con los que entabló contacto para preparar The Ditch, gracias a la colaboración de la propia He Fengming (otra mujer, y creo que hay que tomar nota de esto) que durante años se dedicó a poner en contacto a los represaliados para mantener viva su memoria. Como Fengming, los testigos de las dos películas de Hu Jie pertenecen al mundo académico e intelectual, lo que, al menos en un terreno discursivo, les arma para contar sus historias.

La amnesia que condena a estas películas a no tener otra distribución que la del mercado pirata, es de hecho una amnesia programada. Sus efectos más calculados han tomado forma de película: Coming Home (归来, 2014) no sólo es el peor trabajo de Zhang Yimou (autor del espectáculo triunfalista, nacionalista y estructuralmente amnésico con que se abrieron los Juegos Olímpicos de Pekín; cineasta de quien por cierto ya hace años que nadie espera gran cosa), sino que ejemplifica a la perfección la lógica perversa de la rememoración oficial. A la película le ocurre lo mismo que al busto de Bian Zhongyun en el instituto en que fue asesinada: su inauguración contó con la asistencia de un buen número de burócratas y hasta una testigo lejana de su muerte se dedicó a verter lágrimas de arrepentimiento en público. Y sin embargo, nadie invitó a su marido, que tan concienzudamente había producido y conservado las imágenes de la muerte de Bian Zhongyun. Espero que en los próximos meses se estrene Red Amnesia (闯入者, 2014), la última película de Wang Xiaoshuai, que trata de estos problemas desde la ficción y que ha tenido cierto éxito comercial en China. Según lo que he leído, la película aborda en clave de thriller los destellos de la memoria de la Revolución cultural en el presente.

Le dernier film de Wang Bing, À la folie (疯爱, 2013), invite à se poser beaucoup de questions. On veut comprendre pourquoi les personnages sont enfermés dans cet asile, alors que leurs “cas” sont tellement différents les uns des autres, comme la caméra de Wang Bing le dit sans cesse, de même qu’elle rappelle que, malgré tout, ils vivent ensemble. Mais on s’interroge aussi sur la distance qui sépare le film de ce qu’il filme: Wang Bing se renferme avec ces exclus, il parcourt les mêmes couloirs et dort sur les mêmes lits. Il ne donne pas de contrechamp (ce qui introduirait une instance extérieure), et même lorsqu’il suit un patient lors d’une permission, celui-ci semble avoir « ramené avec lui tout l’hôpital à l’extérieur » (Wang Bing, Alors la Chine, Entretien avec E. Burdeau et E. Renzi, Les Pairies ordinaires, 2014, p. 163). Une intimité froide caractérise le rapport du cinéma de Wang Bing à ses personnages. Il reste au plus près d’eux, sans toutefois empêcher de les voir de loin.

En salles le 11 mars 2015

Quizás tan sólo porque ya esta hecha, he decidido publicar otra lista con algunas de las películas que me gustaron el año pasado. Esta lista viene comentada y se refiere, sobre todo, a títulos recientes. Había intentado enviarla a una prestigiosa revista (de ahí que esté en inglés) y, supongo que por falta de credenciales, al final no me la han publicado. La pongo ahora aquí – no me cuesta nada – sin añadirle más modificación que las imágenes que la acompañan.


The year started with Jean-Charles Fitoussi‘s retrospective at the Cinémathèque Française. Most of his films are a miracle and watching the rare Je ne suis pas morte (I Did Not Die, 2008) was one of the best moments of my year.

Fotograma de Je ne suis pas morte, de Jean-Charles Fitoussi

Fotograma de Je ne suis pas morte (2008), de Jean-Charles Fitoussi

I also won’t forget director Betrand Bonello becoming a fiction in these three films:

– Saint Laurent (2014), by B. B. himself

– Le dos rouge (2014), by Antoine Barraud, author of another very interesting film released early this year, Les gouffres (The Sinkholes, 2012)

– Où en êtes-vous, Betrand Bonello ? (2014), by B. B. shown at his exhibition at the Centre Pompidou.

Fotograma de Le dos rouge (2014), de Antoine Barraud

Fotograma de Le dos rouge (2014), de Antoine Barraud

At the Pompidou as well, a retrospective of Wang Bing premiered two of the most important films of the year:

– Feng ai (‘Til madness do us part, 2013)

– San zimei (Three sisters, 2012)

There were at least five great films dealing with academic issues this year:

– At Berkeley (Frederick Wiseman, 2013)

– Student (Darezhan Omirbaev, 2012), and another great Kazakh film by Emir Baighazin, Uroki garmonii (Harmony Lessons, 2013)

Haganenet (The Kindergarten Teacher, Nadav Lapid, 2014)

– U ri Sunhi (Our Sunhi, Hong Sang-soo, 2013)

Fotograma de Studen (2013)

Fotograma de Student (2012), de Darezhan Ormibaev

I remember five wonderful films on memory and landscapes:

– Mille soleils (A Thousand Suns, Mati Diop, 2013)

– Maps to the Stars (David Cronenberg, 2014)

– Jauja (Lisandro Alonso, 2014)

– Clouds of Sils-Maria (Olivier Assayas, 2014)

– Mercuriales (Virgil Vernier, 2014)

Two untranslatable French titles:

– P’tit Quinquin (Bruno Dumont, 2014)

– Mange tes morts – Tu ne diras point (Jean-Charles Hue, 2014)

And six multidimensional approaches to language, animals and otherness:

Adieu au langage (Goodbye to language, Jean-Luc Godard, 2014)

Jiao you (Stray Dogs, Tsai Ming-liang, 2013)

Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)

Das merkwürdige Kätchen (The Strange Little Cat, Ramon Zürcher, 2013)

Di renjie: Shen du long wang (Young Detective Dee : Rise of Sea Dragon, Tsui Hark, 2013)

Le paradis (Alain Cavalier, 2014)

There were two wonderful anthologies:

Cavalier express: eight films by Alain Cavalier

Pan pleure pas: three films by Gabriel Abrantes [el vídeo muestra un extracto de Liberdade (2011):]

Two wonderfully staged posthumous revenges:

Aimer, boire et chanter (Life of Riley, Alain Resnais, 2014)

A vingança de uma mulher (A Woman’s Revenge, Rita Azevedo Gomes, 2012)

Fotograma de Aimer, boire et chanter (2014), de Alain Resnais

Fotograma de Aimer, boire et chanter (2014), de Alain Resnais

And an unexpected masterpiece: Love is Strange (Ira Sachs, 2014)


No faltan criterios ni candidatas para resumir doce meses de cine.  El año pasado había apostado por hacer una colección de recuerdos e impresiones de películas recientes. Este año he decidido destacar las que más me han hecho trabajar, con independencia del momento de su producción. Pero como aún así son muchas, he dejado que un acróstico las elija por mí. Y este es el resultado:

   .   T ian xi qu (铁西区, Al oeste de los raíles, 2003) de Wang Bing
   .   O ur Sunhi (U ri Sunhi우리 선희, 2013) de Hong Song-soo
.      P eking Opera Blues (Do ma daan, 刀馬旦, 1986) de Tsui Hark

   .   #

    .  C ontactos (1970) de Paulino Viota
    .  A diós al languaje (Adieu au langage, 2014) de Jean-Luc Godard
.      T iresia (2003) de Bertrand Bonello
.      O chazuke no aji (お茶漬けの味, El sabor del té verde con arroz, 1952) de Yasujirô Ozu
.Au R evoir l’été (Hotori no sakuko, ほとりの朔子, 2013) de Kôji Fukada
.      C omrades (1986) de Bill Douglas
.  L’ E nclos du temps (2012)  de Jean-Charles Fitoussi

Como toda lista, esta requeriría una justificación detallada. Y como suele ocurrir, no la tendrá. ¿Por qué, por ejemplo, figura en ella la que creo que es la peor película de Ozu? Pues por eso, precisamente. De Fitoussi, con cuya retrospectiva en la Cinémathèque empezó el año, también debería haber incluido la inagotable Je ne suis pas morte (2008), pero no me daban las letras. Y de John Ford, de quien la Cinémathèque realiza ahora mismo otro gran ciclo, deberían figurar aquí unas cuantas.

Por cierto que, sin buscarlo, me ha salido una de esas endiabladas listas de diez. Para remediarlo, propongo utilizar el espacio vacío (aquí señalado mediante una almohadilla) para incluir cualquiera de las cuarenta y ocho películas estrenadas en París en 2014 y que, por una razón o por varias, me han parecido dignas de interés. Con ellas he ido alimentando esta lista en MUBI. La onceava película de la lista habrá sido, sin duda, la mejor del año.

Fotograma de Trap Street (水印街, 2013), de Vivan Qu, que muestra el punto de vista de una cámara de seguridad.

Uno nunca se espera los extraños contrastes que puede producir una doble sesión. Ayer, por ejemplo, pude ver Trap Street (水印街, Shuiyin jie, 2013) la primera película de Vivian Qu, también productora de los dos últimos largometrajes de Diao Yinan – de los cuales Black Coal, Thin Ice (白日焰火, Bai ri yan huo, 2014), ganador del Oso de oro en el último festival de Berlín, ha tenido un éxito considerable en Francia y sobre todo en China, donde ha alcanzado resultados en taquilla sin precedentes para una producción independiente. En un artículo escogido un poco al azar y que resume, sin más, las expectativas generadas por este éxito, se puede leer que:

“El éxito de Black Coal, Thin Ice es un posible punto de inflexión en la industria cinematográfica global. Si las películas chinas siguen obteniendo tales resultados, se podría poner en peligro el dominio de Hollywood sobre la escena cinematográfica global.” (CNN, 2 de abril de 2014)

Trap Street, desde luego, no tiene el potencial estético o político del cine de Diao Yinan, aunque comparte con éste cierta rigidez programática que confirma que, con la excepción de algunos cineastas (Jia Zhangke, Wang Bing o Lou Ye, por citar nombres ya reconocidos), el cine chino del continente va aún a la zaga de las enormes –  e incluso desproporcionadas – expectativas que suscita. En cualquier caso, la película logra articular la contradicción entre las condiciones de vida más o menos cómodas de sus protagonistas y el violento sistema de represión que las sostiene. Así, frente a una historia que se vuelve, a medida que avanza, cada vez más claustrofóbica y opresiva, Vivian Qu opta por mantener la estética de planos abiertos, con una iluminación natural y poco contrastada – en las antípodas de Black Coal, Thin Ice, auténtico film noir contemporáneo -, incluso cuando se muestra la imagen de las múltiples cámaras de seguridad que pueblan el film. Esta decisión formal deja quizá entrever la imposibilidad de una resolución conflictiva, haciendo así de la impotencia de los ciudadanos el reverso de la desesperación que transmitía la magistral Un toque de violencia (天注定, Tian zhu ding, 2013, de Jia Zhangke), prohibida en China.

Fotograma de Transformers: La era de la extinción (2014), de Michael Bay, que muestra al ministro chino de defensa

Justo después asistí a una sesión, en una sala vacía, de Transformers: La era de la extinción (Transformers: Age of Extinction, Michael Bay, 2014), un blockbuster al uso que ha superado a Avatar (2009, James Cameron) como la película más taquillera en la historia de la República Popular. Y que tiene la particularidad de haber sido diseñado teniendo al mercado chino como su principal objetivo, como se resume en un artículo publicado hace algunos días en El País. El cóctel es cuanto menos sorprendente. A la típica y reaccionaria historia americana de un padre de familia texano (Mark Wahlberg) que combate al gobierno de EE.UU. para defender a los suyos y su propiedad – vagamente “intelectual”, en este caso – se le añade una trama de corrupción política y financiera – incluida la deslocalización en China de la industria puntera de fabricación de transformers – que se desarrolla de espaldas a una Casa Blanca a todas luces inepta, representada en el film por un patético Jefe de personal (Thomas Lennon). Y aunque toda la parte final de la película se desarrolla en China y, sobre todo, en Hong Kong (donde el único personaje chino de la película, intepretado por la actriz Li Bingbing, nos hace una pequeña demostración de artes marciales), Transformers no entra especialmente en materia. Salvo en el espacio de dos planos, cuyo alcance es mucho mayor de lo que una primera impresión puede dar a creer: precisamente cuando la inmensa prisión intergaláctica de Lockdown se despliega sobre Hong Kong a la caza de Optimus Prime, atrayendo con su potente imán toda la chatarra que encuentra. En ese momento, que repite la breve incursión del artefacto en el cielo de Chicago – y contra la cual el gobierno estadounidense había aceptado no enviar tropas militares, siguiendo ciegamente los consejos telefónicos del corrupto jefe de la CIA Harold Attinger (Kelsey Grammer) -, en ese preciso instante tenemos la única incursión del film en el seno de instancias “legítimamente” gubernamentales: plano de apertura ante el Ministerio de Defensa de la República Popular, seguido de un plano del ministro que, avanzando con firmeza acompañado de su cortejo de mandos militares, anuncia solemnemente por teléfono que el gobierno chino va a asegurar la protección de Hong Kong – por si quedaban dudas sobre la soberanía de este territorio. Y, efectivamente, pocos minutos después empiezan a llegar los primeros cazas. Al final la policía local, ante las banderas ondeantes de China y de Hong Kong, es testigo de la despedida que limpia el nombre de Optimus Prime y de la escena de reconciliación de un padre texano con su hija – y de un rico empresario estadounidense con su propia conciencia. Curioso público para tan curiosas imágenes.

Dans Les trois sœurs de Yunnan (三姊妹, 2012), l’image habite à côté des personnes et des animaux d’un petit village à 3 200 mètres d’altitude. Elle demeure dans leur maison et marche sur la même boue qu’eux, elle se fatigue avec eux, elle avance dans le brouillard persistant des montagnes. Elle s’intéresse aux gestes quotidiens, mais sans poser trop des questions. Le corps de l’image (se confonde-t-il avec celui de la caméra ou de l’homme qui la tient ?) est en permanence à la hauteur de ce qui se donne à filmer. La résistance à styliser se traduit dans la durée de plans, dans l’absence de scènes au sens dramatique ou dans les hésitations du cadre. Ce regard ne veut plus juger, l’endroit où il se trouve le contraint à une simplicité que, à tort ou pas, nous assignons souvent à la misère paysanne. Mais le geste de Wang Bing n’a jamais été de s’élever sur la misère des personnages, qu’il ne nie pas pour autant. Il reconnaît l’avoir vue, cette misère, la première fois qu’il est allé chez les trois sœurs : « En arrivant là, j’ai eu l’impression d’étouffer. C’était la première fois que j’étais témoin d’une telle pauvreté », explique-t-il dans le très recommandable livre d’entretiens avec Emmanuel Burdeau et Eugenio Renzi, Alors la Chine (Les prairies ordinaires, 2014, p. 138-139). À la question « Que vous apporte le cinéma, à vous, dans votre vie ?, Wang Bing répond : « La pauvreté ! Le cinéma me rend de plus en plus pauvre. » (p. 149) Peut-être ce film ne raconte-t-il que ça ?

Sortie le 16 avril 2014.

On pourra également voir jusqu’au 16 mai, au Forum -1 du Centre Pompidou, la correspondance filmée entre Wang Bing et Jaime Rosales, ainsi que trois films du réalisateur chinois : Père et fils (2014), Traces (2014) et le film Crude Oil (2008), d’une durée de 14 heures.