Comedia patria

[English below]

Se hace raro ver documentales chinos de calidad que apuesten por un tono de comedia. A Young Patriot (少年小趙., Du Haibin, 2015) es una película que hace reír, aunque no sólo a costa de su personaje principal. Es verdad que Du Haibin a veces fuerza un poco el montaje para producir la burla pero, dado el tema, la mofa es casi inevitable. En esta especie de Bildungsroman de un joven patriota chino nacido en los noventa, lo que nos hace reír concierne el patriotismo en general.

La película nos explica que no es raro que el más fervoroso nacionalista sea un hazmerreír en su patria. Esto alimenta el victimismo con que se engrandece su amor por la bandera. Así, Zhao Changtong, nacido el mismo día que Mao, pero casi un siglo más tarde, pasará de un exaltado sentimiento antijaponés a un fervor más mitigado – entre la sorpresa por la detención de Bo Xilai y el descubrimiento de que no es lo mismo ser patriota con carné del Partido que sin él – para acabar convertido en un joven nacionalista furibundo (o fenqing, 憤青). Un momento crucial de su camino de decepción es su viaje como profesor voluntario a un pueblo de montaña de etnia Yi. Sus habitantes apenas hablan mandarín. En un aula abarrotada de niños de entre cinco y diez años, cuyos rostros cubiertos de barro lo miran con curiosidad, Changtong les pide repetir con él: “Soy chino, vengo de Sichuán”. Los niños lo imitan en coro, pero el patriota no puede evitar pedirle a la intérprete local que compruebe si lo han entendido bien. Poco después procederá a una ceremonia de izado de bandera en un precario mástil de bambú, ante la mirada atónita de los chavales. El cineasta corta tras esta imagen para pasar a la visita que el propio Changtong hace a la ceremonia de izado en la plaza de Tiananmen. El joven patriota está a punto de perder la fe, demolida por los bulldozers del tiempo, como las casas de sus padres y de sus abuelos caerán bajo el peso de la especulación. Su rostro, en Beijing, parece expresar que tampoco él sabe muy bien lo que representa esa bandera, ni de qué hablan en verdad todos esos textos y canciones retenidos de memoria.

It is rare to watch quality Chinese documentaries that a have comical tone. A Young Patriot (少年小趙, Du Haibin, 2013) is a film that makes us laugh, but not only at the expense of its main character. It is true that Du Haibin sometimes forces the editing in order to produce mockery but, given the subject, derision is almost inevitable. In this sort of Bildungsroman of a young Chinese patriot born in the nineties, it is also patriotism in general that makes us laugh.

The film explains that it is not surprising that the most passionate nationalist is also a laughing stock in his homeland. This situation nourishes the victimism with which his love for the flag becomes even bigger. Zhao Changtong, born the same day as Mao but almost a century later, will pass from an exalted anti-Japanese feeling to a more mitigate fervour – between the surprise at the arrest of Bo Xilai and the discovery that it is not the same to be a patriot with a Party membership than without it -, and he will ultimately become a young angry nationalist (also known as fenqing, 憤青). A crucial moment in his path to deception is his trip as a volunteer teacher to a Yi people’s mountain village. The inhabitants speak almost no Mandarin. In a classroom full of children from five to ten years old, whose faces are covered by mud, stare at him with curiosity. Changtong asks them to repeat: “I am Chinese, I come from Sichuan”. The children imitate him in choir, but the patriot cannot avoid asking the local interpreter to verify if they actually understood what they said. Shortly after, he will proceed to the raising of the flag on a precarious bamboo mast, right before the astonished gaze of the children. The filmmaker cuts then into Changtong’s own visit to the proper flag rising ceremony at Tiananmen square. The young patriot is about to loose his faith, demolished by the bulldozers of time, just like his parent’s and grandparent’s homes are going to be demolished under the weigh of speculation. His face, in Beijing, seems to express that he does not understand what exactly that flag represents. Neither does he know what all those texts and songs that he has learned by heart actually are about.

 

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