Top 2015 (+1)

Imposible resistirse a los tops, aún más en estas fechas. Destacando lo eminente de las películas que selecciona y lo inminente del final del año, todo top parece oscilar entre las acepciones vecinas, pero distintas, de culmen, cima, o punto más elevado de algo (“Doreen stood at the top of the stairs” es el ejemplo que nos proporciona este diccionario de inglés) y la de límite, extremidad o canto superior (a las que podríamos añadir la de cubierta o tapa). Es como si las películas más destacadas sólo lucieran de verdad ante la perspectiva de un periodo que, en cuestión de pocos días, va a llegar a su fin.

Antes de que acabara 2015 – y plenamente consciente de su final – vi Carol (2015) de Todd Haynes. Todo un top en el top del año. Ha habido otras, desde luego, pero la memoria, que es corta, y los ritmos, que precipitan contra mi voluntad la llegada de 2016, producen un curioso efecto de tapón. No sé si esto vale de excusa para evitar brindarse, en la extremidad del año, al ejercicio de listar, ordenar y evaluar tantos tops entre sí poco conmensurables.

(*) Es lo contrario de lo que ocurre en Mountains May Depart (山河故人, 2015), a la que incluiría de buena gana en un posible top de películas protagonizadas en 2015 por Sylvia Chang, una actriz de envergadura que contrasta con la brillante, aunque ya un tanto rutinaria, Zhao Tao. Por alguna extraña razón, Jia Zhangke decide abordar su melodrama poblándolo de objetos cuya función aparente es la de conectar secuencias temporales diferentes, pero que en realidad torpedean el lirismo distante que caracteriza su cine – uno de cuyos recursos es la producción de conexiones vagas entre personajes, paisajes y objetos -. En Mountains May Depart tenemos una dosis doble y a veces triple de los siguientes objetos: una tarjeta de invitación, un manojo de llaves, unos cartuchos de dinamita, unos envases de comida china a domicilio y una canción en cantonés de Sally Yeh (Take Care / 珍重). La otra canción, Go West, oscila entre la necesidad de encontrar un estribillo discursivo que termine de hilar todas las secuencias temporales y el recurso virtuoso pero casi siempre justo a la música popular que, desde Platform (站台, 2000), constituye una seña de identidad del cine Jia.

Carol es una película de la que vale la pena hablar antes de que su posible éxito en los Oscar la convierta en un top al uso. Entre otras cosas por sus objetos, esos detalles en apariencia anodinos que el film transfigura en instrumentos de la “sensibilidad” (*). En Carol, los objetos melodramáticos presentan aspectos diferentes: los guantes, el tren de juguete, la cámara de fotos, el revólver y una canción. Se podría incluir en esta lista dos gestos que se presentan en serie y que, como los objetos mencionados, se repiten, poniendo así en relación momentos y sensaciones distantes en el tiempo. A diferencia de los demás objetos, los dos gestos se repiten en el interior de una secuencia que el film reproduce entera en dos ocasiones: al comenzar y cuando se precipita hacia su final. Carol (Cate Blanchett) se va tocando con su mano el hombro de Therese (Rooney Mara). Poco después, el conocido de Therese que les ha interrumpido se va y también le toca el hombro. Dos gestos de valor muy diferente y que se responden el uno al otro como en una especie de eco. Los dos tienen lugar entre el top del hombro de Therese y el top de los dedos de Carol, entre el extremo anterior del film (secuencia de partida que será seguida de un largo flashback) y el top o clímax que precipita la conclusión. El recurso final al plano/contraplano – objeto fílmico que abandona aquí el top de los lugares comunes para convertirse en un objeto singular – confirma no tanto que en un melodrama los gestos pertenecen a la lista de objetos, como que una película que sabe que sus momentos culmen también son límites puede elevar sus objetos melodramáticos a la categoría de gestos.


The Assassin (刺客聶隱娘, de Hou Hsiao-hsien), la gran incógnita de mi top 2015.

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