Una taiwanesa de fantasmas

Grandma and Her Ghosts

Ayer vi por primera vez una película de animación taiwanesa, Grandma and Her Ghosts (魔法阿媽, Mófǎ āyí, algo así como “La abuela hechicera”, 1998), dirigida por Wang Shaudi (王小棣, Wáng Xiǎodì). Aunque no es el primer largometraje de animación producido en Taiwán, su interés radica en que se trata de una película genuinamente taiwanesa. No sólo es un trabajo de gran calidad que toma como fuente de inspiración el cine de Hayao Miyazaki, sino que aborda temas y paisajes que obsesionan a buena parte de la cinematografía del país. Y lo hace tomando un prisma fascinante: el de los fantasmas.

Muchos de los ingredientes del cine taiwanés (y en especial de las películas de “veraneo”) están ahí: el calor y la lluvia, la costa y el interior, la isla y la emigración, el contraste entre la ciudad y el campo, entre la modernidad y la tradición, los jóvenes y los mayores, lo chino y lo local o los idiomas chino y taiwanés, así como el indispensable paseo en bicicleta (54’10”):

El protagonista, Dòudòu (豆豆), va a pasar el verano en casa de su abuela, en la costa de Keelung, porque su padre ha sufrido un accidente en el extranjero y su madre tiene que ocuparse de él. Si esta premisa dramática nos recuerda a la película A Summer at Grandpa’s (冬冬的假期, Dōng dōng de jiàqī, 1984) de Hou Hsiao-hsien y a su más cercano descendiente, A Time in Quchi (暑假作業, Shǔjià zuòyè, literalmente “Los deberes escolares de verano”, 2013), de Chang Tso-chi, las similitudes argumentales y los ecos temáticos con esta última se multiplican a lo largo de todo el film. En lugar de una abuela hechicera, el film de Chang Tso-chi proponía a un abuelo que también se ocupaba de fantasmas, mediante cantos rodados que funcionaban como imago de los vivos y los muertos. Y como el protagonista de A Time in Quchi, Dòudòu va a descubrir de primera mano la amistad y la muerte.

Lo primero que llama la atención en Grandma and Her Ghosts es su particular tratamiento de la muerte. No me parece que se trate de la típica película de fantasmas para niños (del mismo modo que las películas de Miyazaki no son “típicamente” infantiles), sino que aborda algunas cuestiones que, de no mediar la particular comprensión de la muerte en el contexto rural taiwanés, no estarían desprovistas de crudeza. Pongo como ejemplo una de las secuencias, en la que la abuela hechicera hace que el espíritu de su difunta vecina y amiga abandone su cuerpo (18’20”):

La película se ambienta en el Festival de los fantasmas hambrientos (盂蘭盆), que tiene lugar el decimoquinto día del séptimo mes del calendario lunar chino y en el que se ofrece a los muertos suculentos banquetes para paliar su sufrimiento y obtener la fuerza necesaria para el camino de vuelta (que la tradición representa mediante linternas que se lanzan al agua, como lo muestra la película). En Grandma and Her Ghosts se hacen otras referencias a las tradiciones y creencias asiáticas y locales, como el cameo de Cabeza de Buey (年頭) y Cara de Caballo (馬面), los dos guardianes de los infiernos que en la película hacen de contrapunto mítico a los dos policías incompetentes del pueblecito costero. La abuela, dotada de un ojo de yin y yang (陰陽眼), algo así como la sensibilidad de nuestros médiums, tiene trato cotidiano con los fantasmas y vela por que no caigan en manos de demonios. Y también por que los vivos les guarden el debido respeto, como se lo hace notar a su nieto, venido de Taipei y ajeno a los viejos modales: “no los llames fantasmas, llámalos buenos hermanos (不可以說鬼,要說好兄弟)”. Curiosamente, la película no obtuvo ninguna nominación a los Golden Horse, porque, según se dijo, “incitaba a la superstición” (Cf. Historical Dictionary of Taiwan Cinema, The Scarecow Press, 2013, p. 51).

魔法阿媽

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