archivo

Archivos Mensuales: febrero 2014

A veces me pregunto cómo es posible dar crédito a la manera en que en el cine se confunden la vida y la obra y, al mismo tiempo, afirmar la existencia autónoma de las películas, libre de toda autoridad biográfica.

El estreno de la película de Catherine Breillat, Abus de faiblesse (2013), lejos de resolver mi perplejidad, la acentúa. En el último número de Cahiers du Cinéma la cineasta afirma que la película no es una autobiografía. Y no sólo porque los personajes tengan otros nombres (Maud Schoenberg y Vilko Piran) que los de la historia real en la que se inspira (Catherine Breillat y Christophe Rocancourt, respectivamente). No es un problema de identificación entre el mundo real y el de la ficción. La razón por la que no se trata de una autobiografía se enuncia, casi literalmente, a modo de conclusión de la película. De forma que cuando Breillat, la cineasta, declara lo siguiente, la identificación es total:

“Ahora sé lo que ocurrió en Abus de faiblesse, pero no sé cómo ocurrió. Se produjo un desplazamiento semántico. Yo me decía: “Eso no me ha ocurrido a mí, porque no era yo”. Al final se impone una realidad, como una pesadilla, pero no puede ser autobiográfica, ya que no era yo.”

(Cahiers du cinéma, nº697, febrero de 2014, p. 27)

Extraña identificación, intensificada, sin duda, por el mimetismo de Isabelle Huppert en el rol de Maud (“se produce una ósmosis, mis actores acaban pareciéndose a mí”, dice Breillat en esa misma entrevista). Estas dos mujeres (Maud y Catherine) cuya vida se deja filmar (en parte porque es una vida pública, como lo confirma la repercusión mediática del caso), pueden ser una y la misma persona en la medida en que no son capaces de contarse su autobiografía: en su relato resulta imposible identificar al narrador con lo narrado.

Isabelle Huppert y Catherine Breillat. Detrás: Kool Shen. Foto: Premiere.fr

Anuncios