Yuanfang Magazine publica un breve artículo mío acerca de Taipei Story (1985) y de un concepto forjado por su director Edward Yang: “vida de vestigio”, según lo cuenta el escritor Wu Nien-jen en este pasaje de una entrevista.

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“En realidad a Edward Yang le interesaba sobre todo un tema: ¿la gente consigue o no adaptarse a las transformaciones de una época? El personaje interpretado por [Hou] Hsiao-hsien [en Taipei Story] vende telas en la calle Dihua y anhela un cambio. Se pregunta si no debe irse a hacer negocios al extranjero pero, limitado por sus conocimientos y su propia personalidad, está condenado a la frustración. En una escena en un pub, en la que unos intelectuales cuentan chistes aburridos, cuando estos oyen que Ah Lung vende tela en la calle Dihua, en sus palabras aflora un tono de desprecio. A Ah Ch’en [el amigo de Ah Lung] también le han sacrificado. Cuando era niño jugaba al béisbol, pero en cuanto el béisbol infantil se acaba, él también está acabado. Un día, de la que iba a la calle Tianshui a ver a un amigo, observé a un tipo que vendía zumo de caña de azúcar y que acaba de llegar a la calle empujando su puestecillo. La policía se acercó para echarlo, pero él se negó a moverse y, no sabiendo qué hacer, los policías acabaron marchándose. En su puesto tenía colgadas tres fotografías. En las tres aparecía él con Chiang Ching-kuo. Empujado por mi instinto de guionista, fui a hablar con él. Me dijo que cuando estaba en la secundaria le forzaron a entrenarse para el boxeo y que acabó convirtiéndose en miembro de la selección nacional. El año en que se había preparado para competir en los juegos olímpicos de Canadá, fue aquel en el que Canadá estableció relaciones diplomáticas con China y Taiwán quedó excluido. El equipo de Taiwán estuvo esperando en Japón a que llegaran los visados. Esperaron hasta el último momento pero al final no pudieron competir. Tras su vuelta a Taiwán hizo la mili y, al terminar, no tenía dónde trabajar. Me decía: “¡Quiero vivir! Me entrenado tanto en el boxeo por esta nación y al final no se me ha dado ninguna oportunidad!” Esas fotografías eran las que se había tomado con Chiang Ching-kuo justo antes de los Juegos. Pensaba que el país no se había ocupado de él y que toda su vida había sido en balde.

Le conté esta historia a Edward Yang y le pareció muy interesante. Después me llamó muy contento por teléfono y me dijo: “¡Tenemos que sacar algo de esto, ya se me ha ocurrido un tema!” Él era así. Antes de pensar en el guión, pensaba en un tema, en el cartel, en la camiseta que iba a llevar la gente del equipo, y eso le ponía muy contento, como a un niño. El tema que se le había ocurrido me pareció muy bueno: “una vida de vestigio” [業餘生命]. Es decir, la vida después de cumplir los treinta no es más que un vestigio, porque todo lo que se ha vivido hasta ese momento se ha acabado. Tomando como ejemplo a la gente del mundo del espectáculo, puede ocurrir que pasados los treinta no quede nada de todos los aplausos recibidos. En Taipei Story, el personaje de Ah Ch’en, el taxista, vive una vida de vestigio, es un hombre que ha sido sacrificado.”

(Wu Nien-jen, en 王昀燕,再見楊德昌(Edward Yang Revisited), Taipéi, 王小燕工作室, 2016, p. 66, mi traducción; la traducción de 業餘 por vestigio se la debo a Steve Lu).

Mi artículo de este mes en Yuanfang Magazine trata de presentar algunos aspectos de la película Yo no soy Madame Bovary (我不是潘金蓮, 2016) de Feng Xiaogang 馮小剛: la forma en que presenta el problema de los peticionarios, la construcción que propone de las diferencias entre el norte y el sur de China, las referencias literarias con las que se encasilla a la protagonista o las semejanzas y diferencias de esta con su antecesora Qiu Ju, protagonista de la obra maestra de Zhang Yimou 張藝謀 Qiu Ju, una mujer china (秋菊打官司, 1992). En cada una de las películas películas trabaja por cierto una de las mayores estrellas de su tiempo, Gong Li 鞏俐 y Fang Bingbing 范冰冰, respectivamente, las dos realizando interpretaciones inolvidables de jóvenes campesinas dispuestas a mover montañas para obtener justicia.

Mi último artículo en Yuanfang Magazine trata de la influencia del escritor Huang Chun-ming, célebre representante de la llamada “literatura de la tierra natal”, en el Nuevo cine de Taiwán de los ochenta. Además de abordar la adaptación de uno de sus relatos en manos de Hou Hsiao-hsien, me refiero también al impacto de sus novelas en un cine más “comercial”.

我們只能對L’Asiathèque出版社的決定喝采,他們要出版侯孝賢的最新一部電影的劇本,附上電影故事靈感來源的裴鉶(西元九世紀)的傳奇,以及電影最年輕的共同編劇謝海盟所寫的拍攝記錄。打從前往坎城開始,《聶隱娘》就受到了評論幾乎是一面倒的讚譽。但那仍然是一部複雜而難以接近的片子:形式上令人驚嘆的豐富匹配著某種敘事的深奧,並且還攙雜了這部電影與武俠類型符碼之間的關係。 Jean-Michel Frodon在《行雲紀: 刺客聶隱娘拍攝側錄》的序裡,正確地定義這部片像是「巨大異質性的集合」。這也同樣關乎這樣一部電影,打從最一開始,就一點都不像那些使得侯孝賢成為當代電影重要人物的其他作品。《聶隱娘》甚至能夠被詮釋為侯的軌跡之內的一次斷裂。然而,更仔細考察他的作品,會顯示出這道軌跡總是具備了這類斷裂的可能性,這解釋了這軌跡上那些題材與風格的變化──即使一種回顧的觀點傾向於對那些斷裂處視而不見,而在整個進程上強加一種連續演化的印象。

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Yuanfang Magazine publica mi artículo “Chu Tien-wen y Hsieh Hai-meng, escritoras de Hou Hsiao-hsien” en el que presento el trabajo de estas dos escritoras y su importancia en la obra del maestro taiwanés. Aprovecho para retomar algunas reflexiones que había publicado en nonfiction.fr (“Ellipse et inquiétude chez Hou Hsiao-hsien”), a propósito de Nuages mouvantes (L’Asiathèque, 2016), libro en el que Hsieh relata su experiencia como guionista de The Assassin (聶隱娘, 2015).